Capítulo 3-22 - "Contra Megatitlán".
ANTERIORMENTE EN “CORONA DE AMENOFIS”: Con la ejecución de la Operación Lluvia Negra, el grueso de los misselianos en Chile es atrapado en centros de la ARCECh, en donde se transforman en blanco fácil para la Progenie de Imagocoyotl. Sin Leoncio, el resto del grupo debe tratar de investigar cómo detener a la Progenie. Bernardo Benítez se comunica con Mariana Lynch, y denuncia Lluvia Negra. Y Megatitlán, la gran plataforma espacial de la Progenie de Imagocoyotl, emprende el viaje desde la Luna para la invasión final a la Tierra…
El trío de personajes trató de escapar por los pasillos del hospital. Uno o dos de aquellas criaturas similares a zombis, cuyos cerebros estaban siendo controlados (¡y devorados!) por las larvas, se interpusieron en el camino, pero el padre Genaro extendía la mano, y cortocircuitaba su sistema nervioso, arrojándolos a la inconsciencia.
–¿Cómo haces eso?– preguntó Isócrates, asombrado.
–No lo sé– dijo el padre Genaro, angustiado. –Pero me cansa, me cansa mucho. ¡Y que el Cielo me perdone, que el Cielo me perdone, Dios Santo, por hacer esto…!
De pronto, avanzó hacia ellos doña Eduvigis. Apenas los vio, extendió los brazos de manera suplicante.
–¡Hijo, hijo mío, mi Genarito, por Dios, qué está pasando aquí, por favor…!
El padre Genaro, conmovido, avanzó hacia su madre, olvidando toda precaución. Pero de inmediato, fueron rodeados por una serie de agentes de la Progenie: era evidente que estaban infectados porque agentes de la ARCECh y prisioneros misselianos estaban en el grupo, y armados como estaban todos, nadie atacaba a nadie, como hubiera sido de esperar.
–¡Maldita sea, padre Genaro! ¡No la abrace, es una de ellos!– dijo Carmiel. –¡Lo infectarán con sus malditos gusanos! ¡Padre!
El padre Genaro se detuvo, indeciso, mientras Eduvigis lo miraba llorando.
–Pues… No me iré sin pelear– gruñó Carmiel. –Qué dices, Isócrates… ¿Una por Missel…?
Isócrates sonrió. Antes de caer en coma, ambos estaban en bandos opuestos: Carmiel por el el Dominio, e Isócrates por la Rebelión. Ahora, en cambio, frente a un enemigo común, todas sus diferencias eran nada. Ambos, a manos desnudas, sabían que no tenían oportunidad contra las armas de fuego de sus captores, pero preferían morir baleados, antes que ser infectados con los malditos gusanos. Pero era algo honorable por hacer.
–Una por Missel– dijo Isócrates, alistándose.
De pronto, sin previo aviso, una chica del grupo, obviamente una prisionera, abrió fuego contra sus compañeros. Isócrates se lanzó para cubrir al padre Genaro y a Eduvigis, mientras Carmiel se lanzó contra uno de los agentes, y derribándolo de un puñetazo, se hizo con su arma y también abrió fuego.
El tiroteo acabó con todos los captores muertos. Carmiel miró en dirección hacia los otros tres. El padre Genaro consiguió zafarse, y Eduvigis también. A un lado se arrastró Isócrates: había recibido un par de tiros, y respiraba pesadamente.
–Padre… Perdóname…– dijo Isócrates, respirando pesadamente. –Yo… Lo del Cristo del los 2000 Años… Era mentira. Todo es… mentira. Padre… Ojalá hubiera sido… verdad…– remató, y sonriendo levemente, su cabeza cayó hacia un lado, y ya no respiró más.
Eduvigis se persignó mientras el padre Genaro hacía la señal de la cruz y murmuraba una bendición sobre el cadáver. Carmiel, en tanto, se dirigió a la chica.
–Aún la señora está infectada. Debemos matarla– dijo Carmiel, por lo bajo.
–No– dijo la chica. –El padre Genaro, inconscientemente, está utilizando sus poderes de regeneración para bloquear la aparición de larvas en su cerebro.
Carmiel la miró interrogantemente, y luego llegó a la conclusión que le pareció más obvia.
–Si estás a salvo de las larvas y no trabajas para la Progenie de Imagocoyotl, entonces no eres una humana. Eres una devi, ¿verdad? Eres una devi y tienes una hija en alguna parte a la que sustraerle energía vital, y eso te escuda contra las larvas que traten de roer tu cerebro.
Megatitlán, la plataforma espacial de cincuenta kilómetros de diámetro de parte a parte, se instaló en órbita terrestre. Ahora, su presencia no era un misterio para nadie, y todos los observatorios que podían apuntarle dentro de la curvatura de la Tierra, lo hacían.
Los agentes infiltrados de la Progenie de Imagocoyotl habían hecho labor de zapa en la Tierra, y habían contribuido a sabotear gravemente sus sistemas defensivos. Irónicamente, la caótica situación de Rusia respecto de su propio armamento nuclear, hizo que a los agentes infiltrados les fuera imposible anular a todos los silos de misiles balísticos en su territorio, y de esta manera, el gobierno de Dmitri Medvédev fue el único que pudo lanzar cabezas nucleares al espacio, a una órbita baja, contra Megatitlán. Pero las defensas de Megatitlán eran buenas, y reventaron todos los misiles antes de que pudieran alcanzar su objetivo. Ahora, la Tierra estaba indefensa.
Imagocoyotl, o mejor dicho, los gusanos que lo controlaban todo a través de los carcomidos y casi destruidos centros nerviosos del líder de la Progenie, examinó los posibles lugares para crear una cabeza de puente que le permitiera iniciar la ocupación de la Tierra. Un ataque terrestre en toda regla contra Estados Unidos, Europa o Asia Oriental podría ser problemático. En cambio, había un muy buen foco instalado en Latinoamérica, en Santiago de Chile, un país en la periferia de las naciones civilizadas, con bajas defensas, y con un fuerte núcleo de agentes consolidándose y creciendo exponencialmente a medida que los agentes esparcían las larvas.
“Esa es la localización”, envió Imagocoyotl a la mente de todos los tripulantes de Megatitlán. “Preparen la creación de una base militar, e inicien la ocupación de la Tierra”.
No había felicidad en Imagocoyotl, estando a un paso de conseguir un objetivo buscado durante veinte milenios completos. Simplemente aquel era su trabajo, y lo haría.
Naves espaciales de aproximadamente un metro de largo, completamente compactas salvo por los cubículos para los gusanos que las tripulaban, salieron desde los hangares de Megatitlán y emprendieron la marcha hacia Santiago de Chile.
Después de repasar el contenido de “Luz de Sotis” completo, varias veces, y hacer tormenta de ideas, el trío de chicas se dio por vencido un rato.
–Es inútil– le dijo Felicia Lastarria a Yasna y a Ludwica. –Incluso, aunque tuviera caso… Me cuesta creer que todo esté pasando. ¿Extraterrestres en la Tierra, secuestrados para…? ¿Sistemas de control para controlar el pneuma…? Y el pneuma, qué es… Todo esto es…
–¡Sistemas de control para controlar el pneuma!– gritó Ludwica, excitada de pronto. Luego, Ludwica soltó una carcajada histérica, y las otras dos chicas llegaron a la conclusión de que Ludwica había perdido el juicio. Pero Ludwica se serenó y habló: –El Coordinador tenía razón, la pieza que me faltaba era conocer la existencia de los genes salvajes. ¡Lo que necesitamos es otra Melissa, otra chica con genes salvajes como ella!
–¿La chica ésa que impidió que los misselianos lo destruyeran todo en el 2007?– preguntó Yasna, releyendo los capítulos respectivos de “Luz de Sotis”.
–La Progenie de Imagocoyotl cosecha pneuma. Llegaron a la Tierra por él. Supongamos que hacemos lo mismo que hizo Melissa, pero a una mayor escala, como los misselianos cuando detonaron los lavasterios. Eso sobrecargaría su plataforma orbital. Como la Progenie está conectada telepáticamente, destruyendo a Imagocoyotl aniquilaríamos también a todos sus agentes en la Tierra.
–Mata a la abeja reina de un panal y acabarás con el colmenar– dijo Felicia Lastarria, sacando a relucir sus conocimientos biológicos. –Pero, ¿qué usaremos como cañón?
–Genes salvajes. Alguien que posea la habilidad de canalizar el pneuma a través del sistema de control. Y tenemos un sistema de control, el que hay en Corona de Amenofis. Sólo falta algo… Quizás por eso estás acá en el siglo XX, Yasna. ¿Puede tu máquina del tiempo funcionar como, no sé…? ¿Una especie de amplificador?
–Sí– dijo Yasna, interrogante. –Pero lo que me pides es muy peligroso. No hay criatura humana que podría canalizar tanta energía a través suyo sin ser aniquilada, y si su cerebro se destruye, se acaba el cañón. Es como encender un fósforo con un lanzallamas.
–No estoy pensando en una criatura humana. Yasna, ya sabes que tengo la misma habilidad que Leoncio, pero en escala menor. Yo también predigo el futuro. Estaba pensando en “ElectroValparaíso”, el libro ése a cuyo lanzamiento me invitó Leoncio, ¿recuerdas? Desatemos nuestro propio “ElectroValparaíso”. Y tenemos la criatura lovecraftiana para eso. Es un monstruo con tentáculos, que custodia la Iglesia del Diablo, en Cartagena. Si conseguimos atraerla de alguna manera, y la utilizamos para canalizar el pneuma a través del sistema de control de Corona de Amenofis, amplificado por tu máquina, tendremos un verdadero cañón de pneuma que sobrecargará a la plataforma orbital, ¡y se acabó!
–Hay al menos cuatro problemas– dijo Yasna. –El menor de ellos es que Megatitlán debe estar a tiro. Si se les ocurre situarse en órbita geoestacionaria sobre, digamos, China…
–No puede estar en órbita geoestacionaria sobre China, una órbita geoestacionaria sólo puede ser trazada sobre el Ecuador de la Tierra– puntualizó Felicia Lastarria.
–¡Como sea!– dijo Yasna. –Si se les ocurre mantenerse sobre China o Rusia, ningún disparo nuestro lo alcanzará, será como disparar sobre el horizonte más allá de la curvatura de la Tierra. Eso, en primer lugar. Segundo… Acumular tal cantidad de pneuma haría lo mismo que pasó con los lavasterios en Missel. Si utilizamos el sistema de control de Corona de Amenofis, barreríamos con Genaro sabe cuántos kilómetros a la redonda, peor que una explosión nuclear. En tercer lugar, recuerda que según el blog, Megatitlán puede proyectar el exceso de energía a la estrella. Si nuestro Sol se convierte en supernova…
–¡Mira!– dijo Ludwica, excitada. –Primero, siempre podemos tratar de ponerle un cebo a Megatitlán. Segundo, confío en que modificarás tu máquina para evitar el riesgo al máximo, como un rayo láser que concentrara la energía o algo así. Y tercero, Megatitlán no convertirá a nuestro Sol en supernova porque, a diferencia de Missel, este planeta sí lo pueden explotar, y no viajarán otros veinte mil años por el espacio para encontrar un nuevo asentamiento, no con los qwindazar dando vueltas allá afuera. ¡Puede funcionar si trabajamos el plan!
Felicia Lastarria y Yasna se miraron las dos. Ludwica, extrañada, les preguntó un “qué” apenas modulado con los labios.
–Cuarto– dijo Yasna, como si explicara algo para párvulos. –El monstruo de Cartagena. Se parece al monstruo lovecraftiano con tentáculos que diseñó Pablo Eleuterios para su novela “ElectroValparaíso”, ¿no? Pero ese monstruo estaba en Valparaíso, y se movió a Cartagena cuando estabas allá. ¿Todavía no adivinas quién era realmente ese monstruo?
–¿Estás diciendo que ese monstruo y yo somos uno, y por eso se fue conmigo? ¡Eso es absurdo, el monstruo me atacó en Cartagena! ¿Por qué me iba a atacar si…?
–El monstruo no te atacó, Ludwica. El monstruo te encerró. Tal y como lo hubiera hecho Leoncio en lo más profundo de su ser. Pero Leoncio estaba en coma. Y cuando despertó, el monstruo desapareció. ¿Todavía no lo captas, Ludwica? El monstruo lovecraftiano que te persiguió en Cartagena, y al que sin querer conjuraste cuando te miraste en el espejo ése de Basanio Urmeneta, era el inconsciente de Leoncio que te estaba persiguiendo– dijo Yasna.
–Y Leoncio está muerto– remató Felicia Lastarria.
Ludwica se quedó congelada en su sitio. Era tan desconcertante… Y ahora que lo escuchaba, le parecía tan brutalmente obvio. ¡Era un plan perfecto, y el único que podía haberlo ejecutado era Leoncio! El otro era el padre Genaro, que también podía canalizar pneuma, pero si la ARCECh lo había capturado… No quedaban opciones. Salvo que, ella misma… Pero, ¿por qué iba a sacrificarse, como antes lo había hecho Melissa?
De pronto, descubrió que no le importaba. Que todo iba a tener un sentido, un significado. Todo aquello que Leoncio se había llevado, todo lo que era su vida de constante escapar hacia delante, hacia alguna parte, a través de la música, a través de estudiar en otra ciudad, todo eso terminaría. Y terminaría bien.
–Yo lo haré– dijo Ludwica.
–¡Es demasiado peligroso! ¡Te matará!– dijo Yasna.
–¡No importa!– gritó Ludwica. –¡Lo haré, es necesario que lo haga! ¡Lo haré!
Trabajaron de manera febril durante horas en el sótano de Santa Reparata. La ARCECh, casi completamente fuera de combate con el grueso de sus agentes infectados y el resto tratando de defenderse, no los molestó. En Santiago, mientras tanto, las defensas antiaéreas trataban de derribar a las naves de Megatitlán, que estaban iniciando un bombardeo feroz.
Cayendo la tarde, Yasna se dio un respiro.
–Está bastante avanzado. Pero aún no consigo evitar el problema de evitar que el pneuma se escape. Ludwica, te digo, esto va a volar a Viña del Mar peor que una detonación termonuclear. Esto no…
De pronto, la máquina empezó a activarse por sí sola. Yasna se volteó hacia ella. Gritando una serie de imprecaciones muy impropias de una educada señorita genarista, trató de detenerlo, pero no pudo.
–¡Demonios, esto va a explotar! ¡Algo o alguien lo activó!– dijo Yasna. –¡Pero qué…!
–¡Vámonos fuera de Viña del Mar!– gritó Felicia Lastarria.
–No servirá, la explosión nos alcanzará igual. En cinco minutos, ¡adios!– dijo Yasna.
Abajo, después de activar la máquina, fuera de la vista de las tres humanas en la habitación, Klunn salió corriendo, seguido por Blenn y por Ilinn.
Próximo capítulo: “A cinco minutos de la eternidad”.
“Contra Megatitlán”
El trío de personajes trató de escapar por los pasillos del hospital. Uno o dos de aquellas criaturas similares a zombis, cuyos cerebros estaban siendo controlados (¡y devorados!) por las larvas, se interpusieron en el camino, pero el padre Genaro extendía la mano, y cortocircuitaba su sistema nervioso, arrojándolos a la inconsciencia.
–¿Cómo haces eso?– preguntó Isócrates, asombrado.
–No lo sé– dijo el padre Genaro, angustiado. –Pero me cansa, me cansa mucho. ¡Y que el Cielo me perdone, que el Cielo me perdone, Dios Santo, por hacer esto…!
De pronto, avanzó hacia ellos doña Eduvigis. Apenas los vio, extendió los brazos de manera suplicante.
–¡Hijo, hijo mío, mi Genarito, por Dios, qué está pasando aquí, por favor…!
El padre Genaro, conmovido, avanzó hacia su madre, olvidando toda precaución. Pero de inmediato, fueron rodeados por una serie de agentes de la Progenie: era evidente que estaban infectados porque agentes de la ARCECh y prisioneros misselianos estaban en el grupo, y armados como estaban todos, nadie atacaba a nadie, como hubiera sido de esperar.
–¡Maldita sea, padre Genaro! ¡No la abrace, es una de ellos!– dijo Carmiel. –¡Lo infectarán con sus malditos gusanos! ¡Padre!
El padre Genaro se detuvo, indeciso, mientras Eduvigis lo miraba llorando.
–Pues… No me iré sin pelear– gruñó Carmiel. –Qué dices, Isócrates… ¿Una por Missel…?
Isócrates sonrió. Antes de caer en coma, ambos estaban en bandos opuestos: Carmiel por el el Dominio, e Isócrates por la Rebelión. Ahora, en cambio, frente a un enemigo común, todas sus diferencias eran nada. Ambos, a manos desnudas, sabían que no tenían oportunidad contra las armas de fuego de sus captores, pero preferían morir baleados, antes que ser infectados con los malditos gusanos. Pero era algo honorable por hacer.
–Una por Missel– dijo Isócrates, alistándose.
De pronto, sin previo aviso, una chica del grupo, obviamente una prisionera, abrió fuego contra sus compañeros. Isócrates se lanzó para cubrir al padre Genaro y a Eduvigis, mientras Carmiel se lanzó contra uno de los agentes, y derribándolo de un puñetazo, se hizo con su arma y también abrió fuego.
El tiroteo acabó con todos los captores muertos. Carmiel miró en dirección hacia los otros tres. El padre Genaro consiguió zafarse, y Eduvigis también. A un lado se arrastró Isócrates: había recibido un par de tiros, y respiraba pesadamente.
–Padre… Perdóname…– dijo Isócrates, respirando pesadamente. –Yo… Lo del Cristo del los 2000 Años… Era mentira. Todo es… mentira. Padre… Ojalá hubiera sido… verdad…– remató, y sonriendo levemente, su cabeza cayó hacia un lado, y ya no respiró más.
Eduvigis se persignó mientras el padre Genaro hacía la señal de la cruz y murmuraba una bendición sobre el cadáver. Carmiel, en tanto, se dirigió a la chica.
–Aún la señora está infectada. Debemos matarla– dijo Carmiel, por lo bajo.
–No– dijo la chica. –El padre Genaro, inconscientemente, está utilizando sus poderes de regeneración para bloquear la aparición de larvas en su cerebro.
Carmiel la miró interrogantemente, y luego llegó a la conclusión que le pareció más obvia.
–Si estás a salvo de las larvas y no trabajas para la Progenie de Imagocoyotl, entonces no eres una humana. Eres una devi, ¿verdad? Eres una devi y tienes una hija en alguna parte a la que sustraerle energía vital, y eso te escuda contra las larvas que traten de roer tu cerebro.
oooOoOOOoOooo
Megatitlán, la plataforma espacial de cincuenta kilómetros de diámetro de parte a parte, se instaló en órbita terrestre. Ahora, su presencia no era un misterio para nadie, y todos los observatorios que podían apuntarle dentro de la curvatura de la Tierra, lo hacían.
Los agentes infiltrados de la Progenie de Imagocoyotl habían hecho labor de zapa en la Tierra, y habían contribuido a sabotear gravemente sus sistemas defensivos. Irónicamente, la caótica situación de Rusia respecto de su propio armamento nuclear, hizo que a los agentes infiltrados les fuera imposible anular a todos los silos de misiles balísticos en su territorio, y de esta manera, el gobierno de Dmitri Medvédev fue el único que pudo lanzar cabezas nucleares al espacio, a una órbita baja, contra Megatitlán. Pero las defensas de Megatitlán eran buenas, y reventaron todos los misiles antes de que pudieran alcanzar su objetivo. Ahora, la Tierra estaba indefensa.
Imagocoyotl, o mejor dicho, los gusanos que lo controlaban todo a través de los carcomidos y casi destruidos centros nerviosos del líder de la Progenie, examinó los posibles lugares para crear una cabeza de puente que le permitiera iniciar la ocupación de la Tierra. Un ataque terrestre en toda regla contra Estados Unidos, Europa o Asia Oriental podría ser problemático. En cambio, había un muy buen foco instalado en Latinoamérica, en Santiago de Chile, un país en la periferia de las naciones civilizadas, con bajas defensas, y con un fuerte núcleo de agentes consolidándose y creciendo exponencialmente a medida que los agentes esparcían las larvas.
“Esa es la localización”, envió Imagocoyotl a la mente de todos los tripulantes de Megatitlán. “Preparen la creación de una base militar, e inicien la ocupación de la Tierra”.
No había felicidad en Imagocoyotl, estando a un paso de conseguir un objetivo buscado durante veinte milenios completos. Simplemente aquel era su trabajo, y lo haría.
Naves espaciales de aproximadamente un metro de largo, completamente compactas salvo por los cubículos para los gusanos que las tripulaban, salieron desde los hangares de Megatitlán y emprendieron la marcha hacia Santiago de Chile.
oooOoOOOoOooo
Después de repasar el contenido de “Luz de Sotis” completo, varias veces, y hacer tormenta de ideas, el trío de chicas se dio por vencido un rato.
–Es inútil– le dijo Felicia Lastarria a Yasna y a Ludwica. –Incluso, aunque tuviera caso… Me cuesta creer que todo esté pasando. ¿Extraterrestres en la Tierra, secuestrados para…? ¿Sistemas de control para controlar el pneuma…? Y el pneuma, qué es… Todo esto es…
–¡Sistemas de control para controlar el pneuma!– gritó Ludwica, excitada de pronto. Luego, Ludwica soltó una carcajada histérica, y las otras dos chicas llegaron a la conclusión de que Ludwica había perdido el juicio. Pero Ludwica se serenó y habló: –El Coordinador tenía razón, la pieza que me faltaba era conocer la existencia de los genes salvajes. ¡Lo que necesitamos es otra Melissa, otra chica con genes salvajes como ella!
–¿La chica ésa que impidió que los misselianos lo destruyeran todo en el 2007?– preguntó Yasna, releyendo los capítulos respectivos de “Luz de Sotis”.
–La Progenie de Imagocoyotl cosecha pneuma. Llegaron a la Tierra por él. Supongamos que hacemos lo mismo que hizo Melissa, pero a una mayor escala, como los misselianos cuando detonaron los lavasterios. Eso sobrecargaría su plataforma orbital. Como la Progenie está conectada telepáticamente, destruyendo a Imagocoyotl aniquilaríamos también a todos sus agentes en la Tierra.
–Mata a la abeja reina de un panal y acabarás con el colmenar– dijo Felicia Lastarria, sacando a relucir sus conocimientos biológicos. –Pero, ¿qué usaremos como cañón?
–Genes salvajes. Alguien que posea la habilidad de canalizar el pneuma a través del sistema de control. Y tenemos un sistema de control, el que hay en Corona de Amenofis. Sólo falta algo… Quizás por eso estás acá en el siglo XX, Yasna. ¿Puede tu máquina del tiempo funcionar como, no sé…? ¿Una especie de amplificador?
–Sí– dijo Yasna, interrogante. –Pero lo que me pides es muy peligroso. No hay criatura humana que podría canalizar tanta energía a través suyo sin ser aniquilada, y si su cerebro se destruye, se acaba el cañón. Es como encender un fósforo con un lanzallamas.
–No estoy pensando en una criatura humana. Yasna, ya sabes que tengo la misma habilidad que Leoncio, pero en escala menor. Yo también predigo el futuro. Estaba pensando en “ElectroValparaíso”, el libro ése a cuyo lanzamiento me invitó Leoncio, ¿recuerdas? Desatemos nuestro propio “ElectroValparaíso”. Y tenemos la criatura lovecraftiana para eso. Es un monstruo con tentáculos, que custodia la Iglesia del Diablo, en Cartagena. Si conseguimos atraerla de alguna manera, y la utilizamos para canalizar el pneuma a través del sistema de control de Corona de Amenofis, amplificado por tu máquina, tendremos un verdadero cañón de pneuma que sobrecargará a la plataforma orbital, ¡y se acabó!
–Hay al menos cuatro problemas– dijo Yasna. –El menor de ellos es que Megatitlán debe estar a tiro. Si se les ocurre situarse en órbita geoestacionaria sobre, digamos, China…
–No puede estar en órbita geoestacionaria sobre China, una órbita geoestacionaria sólo puede ser trazada sobre el Ecuador de la Tierra– puntualizó Felicia Lastarria.
–¡Como sea!– dijo Yasna. –Si se les ocurre mantenerse sobre China o Rusia, ningún disparo nuestro lo alcanzará, será como disparar sobre el horizonte más allá de la curvatura de la Tierra. Eso, en primer lugar. Segundo… Acumular tal cantidad de pneuma haría lo mismo que pasó con los lavasterios en Missel. Si utilizamos el sistema de control de Corona de Amenofis, barreríamos con Genaro sabe cuántos kilómetros a la redonda, peor que una explosión nuclear. En tercer lugar, recuerda que según el blog, Megatitlán puede proyectar el exceso de energía a la estrella. Si nuestro Sol se convierte en supernova…
–¡Mira!– dijo Ludwica, excitada. –Primero, siempre podemos tratar de ponerle un cebo a Megatitlán. Segundo, confío en que modificarás tu máquina para evitar el riesgo al máximo, como un rayo láser que concentrara la energía o algo así. Y tercero, Megatitlán no convertirá a nuestro Sol en supernova porque, a diferencia de Missel, este planeta sí lo pueden explotar, y no viajarán otros veinte mil años por el espacio para encontrar un nuevo asentamiento, no con los qwindazar dando vueltas allá afuera. ¡Puede funcionar si trabajamos el plan!
Felicia Lastarria y Yasna se miraron las dos. Ludwica, extrañada, les preguntó un “qué” apenas modulado con los labios.
–Cuarto– dijo Yasna, como si explicara algo para párvulos. –El monstruo de Cartagena. Se parece al monstruo lovecraftiano con tentáculos que diseñó Pablo Eleuterios para su novela “ElectroValparaíso”, ¿no? Pero ese monstruo estaba en Valparaíso, y se movió a Cartagena cuando estabas allá. ¿Todavía no adivinas quién era realmente ese monstruo?
–¿Estás diciendo que ese monstruo y yo somos uno, y por eso se fue conmigo? ¡Eso es absurdo, el monstruo me atacó en Cartagena! ¿Por qué me iba a atacar si…?
–El monstruo no te atacó, Ludwica. El monstruo te encerró. Tal y como lo hubiera hecho Leoncio en lo más profundo de su ser. Pero Leoncio estaba en coma. Y cuando despertó, el monstruo desapareció. ¿Todavía no lo captas, Ludwica? El monstruo lovecraftiano que te persiguió en Cartagena, y al que sin querer conjuraste cuando te miraste en el espejo ése de Basanio Urmeneta, era el inconsciente de Leoncio que te estaba persiguiendo– dijo Yasna.
–Y Leoncio está muerto– remató Felicia Lastarria.
Ludwica se quedó congelada en su sitio. Era tan desconcertante… Y ahora que lo escuchaba, le parecía tan brutalmente obvio. ¡Era un plan perfecto, y el único que podía haberlo ejecutado era Leoncio! El otro era el padre Genaro, que también podía canalizar pneuma, pero si la ARCECh lo había capturado… No quedaban opciones. Salvo que, ella misma… Pero, ¿por qué iba a sacrificarse, como antes lo había hecho Melissa?
De pronto, descubrió que no le importaba. Que todo iba a tener un sentido, un significado. Todo aquello que Leoncio se había llevado, todo lo que era su vida de constante escapar hacia delante, hacia alguna parte, a través de la música, a través de estudiar en otra ciudad, todo eso terminaría. Y terminaría bien.
–Yo lo haré– dijo Ludwica.
–¡Es demasiado peligroso! ¡Te matará!– dijo Yasna.
–¡No importa!– gritó Ludwica. –¡Lo haré, es necesario que lo haga! ¡Lo haré!
oooOoOOOoOooo
Trabajaron de manera febril durante horas en el sótano de Santa Reparata. La ARCECh, casi completamente fuera de combate con el grueso de sus agentes infectados y el resto tratando de defenderse, no los molestó. En Santiago, mientras tanto, las defensas antiaéreas trataban de derribar a las naves de Megatitlán, que estaban iniciando un bombardeo feroz.
Cayendo la tarde, Yasna se dio un respiro.
–Está bastante avanzado. Pero aún no consigo evitar el problema de evitar que el pneuma se escape. Ludwica, te digo, esto va a volar a Viña del Mar peor que una detonación termonuclear. Esto no…
De pronto, la máquina empezó a activarse por sí sola. Yasna se volteó hacia ella. Gritando una serie de imprecaciones muy impropias de una educada señorita genarista, trató de detenerlo, pero no pudo.
–¡Demonios, esto va a explotar! ¡Algo o alguien lo activó!– dijo Yasna. –¡Pero qué…!
–¡Vámonos fuera de Viña del Mar!– gritó Felicia Lastarria.
–No servirá, la explosión nos alcanzará igual. En cinco minutos, ¡adios!– dijo Yasna.
Abajo, después de activar la máquina, fuera de la vista de las tres humanas en la habitación, Klunn salió corriendo, seguido por Blenn y por Ilinn.
Próximo capítulo: “A cinco minutos de la eternidad”.
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