lunes 14 de septiembre de 2009

Capítulo 3-23 - "A cinco minutos de la eternidad".

ANTERIORMENTE EN “CORONA DE AMENOFIS”: La Progenie de Imagocoyotl anula las defensas nucleares de la Tierra, y Megatitlán inicia la conquista de Santiago de Chile para crear una cabeza de puente. Ludwica desarrolla un plan para utilizar el sistema de control de Corona de Amenofis como arma para destruir a Megatitlán, y Yasna modifica su máquina del tiempo para procesar el pneuma necesario en la operación. Sin embargo, se niega a ejecutar el plan porque eso implicaría algo equivalente a detonar una bomba nuclear en Viña del Mar. Aún así, Klunn y sus cucarachas aliadas activan la máquina por su cuenta.

“A cinco minutos de la eternidad”

–Ya que vamos a morir, no quiero hacerlo en este sótano húmedo– dijo Felicia Lastarria, y salió al exterior. Sobre la parroquia de Santa Reparata, cuya mitad anterior estaba en ruinas y cuya parte trasera amenazaba con lo mismo por el desequibrio estructural, respiró el aire. Le gustaba estar ahí, en la costa, en vez de en Santiago, porque el aire era más húmedo y vital. Si iba a morir, quería hacerlo respirando un buen aire.

Ludwica la siguió.

–Voy a Corona de Amenofis– dijo Ludwica. –Voy a hacer lo que tengo que hacer.

Felicia Lastarria notó que, a pesar del aplomo de Ludwica, tenía miedo. Aquello sería inútil y ambas lo sabían, pero era lo mejor que se podía hacer.

–Buena suerte. Fue bueno conocerte– sonrió Felicia Lastarria, y luego repuso: –¿Y Yasna?

Salió Yasna detrás de las dos, con una botella de champaña.

–Creía que estabas trabajando en la máquina– dijo Felicia Lastarria, dejando que su última esperanza se fuera de una buena vez al demonio.

–Suponía que los genaristas no tomaban– dijo Ludwica, ahora sin ironía contra Yasna.

–Mi religión no me lo prohíbe– dijo Yasna. –Aunque sí me prohibía robarla en el supermercado, pero… ¿cómo se supone que me iba a mantener cuando supuestamente estaba asesinada en la Quinta Vergara y tenía que sacar comida de alguna parte…? Bueno, ¿brindamos por el próximo final? Y por esta, no sé… Amistad…

De pronto, todas ellas quedaron heladas cuando, en la lejanía, en el mar, vieron un enorme vórtice abriéndose. Las costas fueron azotadas por grandes oleajes, y los pesados barcos con quillas y cubiertas de metal se movieron como cáscaras de nueces en una bañera. Y, la peor parte, desde el centro del vórtice emergió una especie de gigantesco pedúnculo, y el pedúnculo se abrió en varios tentáculos.

–¡Es el monstruo de Cartagena! ¡Pero… no puede ser…! ¡Leoncio está muerto!– gritó Ludwica, mientras el estruendo crecía y crecía. –¡Cómo es posible que…!

–¡El Leoncio del siglo XX está muerto!– gritó Yasna por sobre el estruendo. –¡Pero no el Leoncio del siglo XXIII!

–¿Qué?– preguntó Felicia Lastarria. –¿Hay dos Leoncios?

–¡Ahora sí!– dijo Yasna. –¡Si Leoncio me hubiera dado tiempo a explicarle…! Nuestra tecnología no puede transportar materia a través del tiempo. ¿Por qué crees que hay tantas restricciones para viajar en el tiempo? ¿Por qué crees que tu siglo XXI no está invadido por miles de viajeros del tiempo llegados desde el futuro?

–¡Entonces cómo viajaste!– gritó Felicia Lastarria.

El monstruo con tentáculos, en la bahía, se alzó visiblemente, mientras los cielos se llenaban de nubarrones y oscurecían, y los rayos empezaban a caer alrededor. Del monstruo empezó a salir un hálito de energía que iluminaba demoníacamente la noche, y ese hálito de energía se fue concentrando.

–¡La máquina del tiempo no es eso realmente! ¡Es un duplicador de materia! ¡Como para generar pocas cantidades de materia es necesaria mucha energía, por eso colapsa todo el sistema eléctrico de Chile cuando se duplica a una sola persona en otra época! ¡Lo que hace la máquina del tiempo es crear un duplicado de la persona en otro tiempo!

Ludwica se sintió una estúpida por no haberlo pensado antes. La Yasna de ahora era en realidad un duplicado de la Llareta del siglo XXIII… el segundo duplicado, porque el primer duplicado era la Yasna que efectivamente había sido asesinada en la Quinta Vergara, por otro viajero del tiempo que la venía persiguiendo desde el siglo XXIII. El reporte de Yasna había llegado hasta el siglo XXIII, Llareta lo había rescatado, y luego se las había arreglado para volver a crear un duplicado en el siglo XXI, que era el actual. La segunda Yasna no era un clon después de todo, o al menos, no un clon fabricado por la más clásica ingeniería genética, sino por el duplicador de materia que era la máquina del tiempo.

–¿Dices entonces que el Leoncio que llegó sano y salvo al siglo XXIII de alguna manera envió su inconsciente o algo así hasta el siglo XXI para ayudarnos?– preguntó Yasna.

Pero Yasna se encogió de hombros.

A distancia, Klunn miró a Ilinn y Blenn.

–Ustedes dejaron un reporte para Leoncio en el siglo XXIII, ¿verdad?– preguntó.

–Al lado del reporte de Yasna, en la Quinta Vergara, donde sabíamos que lo iba a encontrar– dijo Blenn, con orgullo. –Recrimínamelo, pero impedimos un Holocausto aquí.

–Sí– dijo Klunn, pensativo. Hubieran sobrevivido al eventual desastre de Viña del Mar, así como habían sobrevivido a la explosión nuclear de Misselburgo, pero… Klunn tuvo un segundo pensamiento. –Y por supuesto, Blenn, ajustaste la máquina de Yasna para que no reventara a Viña del Mar, ¿verdad?

–¿Algún problema con eso?– preguntó Blenn.

Klunn lo meditó. No habían conseguido llegar a controlar el Holocausto. Para cuando Ramiro Delponte había caído en su poder, ya había esparcido las larvas entre los misselianos, y el asunto no tenía caso. Quizás el mejor camino era evitar este desastre. Ya verían qué hacer cuando llegara el siguiente eventual Holocausto…

oooOoOOOoOooo

El monstruo encallado en la Bahía de Valparaíso, envió todo ese chorro de pneuma contra Megatitlán. Imagocoyotl y los suyos esperaban una resistencia débil, exclusivamente con armamentos convencionales, a la hora de defenderse de Santiago de Chile, y este chorro de pneuma contra su plataforma espacial los tomó desprevenidos. Además, siendo la Tierra un planeta rico en pneuma, el monstruo marino podía extraer todo el que quisiera, utilizar la maquinaria de Yasna para amplificarlo (echando abajo otra vez el sistema eléctrico interconectado, por supuesto), proyectándolo por el sistema de control de Corona de Amenofis. El golpe impactó de lleno a Megatitlán, y anuló su capacidad de reacción.

Para ese minuto, mientras el NORAD en Estados Unidos aún trataba de recobrarse del golpe, los rusos habían preparado una segunda andanada de misiles nucleares balísticos, ajustados en su trayectoria y combustible para alcanzar la órbita terrestre. Los misiles avanzaron. Fueron detectados la mayoría, y varios de ellos derribados, pero no pocos alcanzaron el blanco. La plataforma espacial estaba cada vez más desestabilizada.

“Preparen a proyectar la energía hacia el Sol”, ordenó Imagocoyotl, a sabiendas de que la plataforma espacial no podría resistir la sobrecarga de pneuma: una explosión de supernova sería menos letal. Perderían la Tierra, y quedarían a merced de los qwindazar, pero eso sería un problema para después. Lo que contaba ahora era sobrevivir.

La Progenie de Imagocoyotl actuó obedientemente. Pero una parte importante de los sistemas no respondieron.

“Esto va a tardar, señor. El golpe echó abajo los reflectores. Estamos activando los sistemas de emergencia”, reportaron.

“Háganlo” dijo Imagocoyotl calmadamente.

El monstruo marino hizo un último esfuerzo, y el chorro de pneuma se amplificó aún más. El monstruo marino empezó a sumergirse, y el vórtice empezó a cerrarse. Los tentáculos descendieron bajo la superficie, y desaparecieron de la vista. Los restos de un remolino quedaban todavía en la Bahía de Valparaíso.

“Reflectores en posición”, anunció uno de los subordinados.

“Hag…”, empezó Imagocoyotl, pero no pudo terminar.

Los sistemas de procesamiento de Megatitlán reventaron, y la plataforma espacial entera fue sacudida por una violenta explosión que literalmente la descuartizó.

Desde Viña del Mar pudo verse, a través de las nubes, un brillo opaco. Desde Santiago se vio una estrella que crecía en luminosidad, y luego se apagaba.

Las naves espaciales que habían echado abajo a casi todos los aviones de la FACh, de pronto cedieron, y una a una fueron cayendo en tierra, estrellándose en chatarra.

Todos los infectados por las larvas, de pronto perdieron la conciencia y cayeron en tierra. El hospital en donde estaban recluidos los misselianos, quedó lleno de cuerpos tirados. Todos ellos muertos o agonizando, con sus cerebros medio carcomidos sin poder funcionar.

En el espacio, la explosión había desintegrado la mayor parte de la plataforma espacial. Con todo, un pequeño fragmento de Megatitlán, de apenas un par de kilómetros de tamaño, empezó a caer en picada sobre la Tierra, en el Océano Pacífico.

Y cayó, a varias decenas de kilómetros frente a la Bahía de Valparaíso.

Ludwica, Felicia y Yasna, que celebraban alborozadas el triunfo, descorchando la champaña de paso, vieron como una gigantesca pared de agua, un maremoto, se precipitaba contra la Bahía de Valparaíso: Valparaíso mismo, pero también Viña del Mar, Reñaca, Concón… Y la sonrisa se congeló en sus rostros.

Pero una vez más, el vórtice se abrió, y emergieron los tentáculos, fatigados. Y de pronto, como si una gigantesca mano invisible hubiera puesto un muro, la marejada se estrelló, se rompió, y el agua volvió en escasos minutos a su tranquilidad habitual.

Luego de lo cual, los tentáculos se alzaron en lo que podría ser considerado como un saludo a distancia, hacia las tres chicas, y luego, dejándose caer de repente, se sumergieron.

oooOoOOOoOooo

En los días siguientes hubo gran actividad. La Policía de Investigaciones había arrestado a Almendra Caballero, y ella había denunciado lo ocurrido en los recintos de la ARCECh, lo que de golpe le dio credibilidad a la rápida denuncia que lanzó Mariana Lynch: la noticia sobre una epidemia de un nuevo virus de la gripe aviar llamado AH1K era falsa, no existía ningún virus con ese código, y todo había sido una campaña orquestada para internar a ciudadanos chilenos en campos de concentración. Las agrupaciones de derechos humanos, activas todavía desde la dictadura militar, exigieron de inmediato una investigación abierta. Al día siguiente, el Ministerio Público de la Quinta Región pedía el desafuero del diputado Anastasio Montes, por crímenes que iban incluso contra la Seguridad Nacional. Narváez y varios otros miembros de la ARCECh que habían sobrevivido a la Progenie de Imagocoyotl, no tuvieron más remedio que darse a la fuga. Michelle Bachelet, la Presidenta de Chile, víctima ella misma de la violencia política bajo el gobierno de Augusto Pinochet, exigió el máximo rigor para perseguir hechos completamente reñidos con los más elementales principios de convivencia democrática en el país.

Pero más importante aún, era que por primera vez la Humanidad en su conjunto había aprendido que no estaban solos en el universo, y que existían culturas y civilizaciones alienígenas allá afuera. En los días subsiguientes al ataque de Megatitlán, y muy simbólicamente ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, el Presidente de Estados Unidos, Barack Obama, hizo la primera declaración pública de su Gobierno sobre el tema. Después de exponer brevemente sobre la situación general, dijo:

–Hoy día les digo que los desafíos que enfrentamos son reales. Son serios y son muchos. Pero aún así, en este día estamos congregados porque preferimos la esperanza por sobre el miedo, y la unidad de propósitos por sobre la discordia. En este día, quiero proclamar el fin de muchas cosas, incluyendo el dogma de que somos los amos de la Tierra y de que somos privilegiados en el universo. Somos un planeta joven, pero en las palabras de la Escritura, el tiempo ha llegado para dejar a un lado las cosas que son de los niños. El tiempo ha llegado para reafirmar nuestro espíritu, para elegir nuestra mejor historia, para portar el precioso don, esa noble idea, pasada de generación en generación: la promesa dada por Dios de que todos, humanos o alienígenas, somos iguales, somos libres, y nos merecemos nuestra oportunidad de perseguir lo que sea la completa medida de toda la felicidad…

La felicidad que para algunos seguía siendo esquiva, como para Anaís, separada de Heriberto. O para Vania, hundida en su habitación, en la institución mental de Suiza. O para Aníbal Aquino, incapaz de disfrutar la victoria porque ya su cabeza analítica diseñaba planes para el futuro. O para Ramiro Delponte, definitivamente muerto a manos de Klunn.

La vida cotidiana, por su parte, regresaba a lo de siempre en Corona de Amenofis. El padre Genaro y Eduvigis habían regresado. Yasna se había acercado al padre Genaro, y le había pedido disculpas por haberlo ofendido, disculpas que éste aceptó sonriendo. Pero cuando ella le preguntó si era verdaderamente el Cristo de los 2000 Años, el padre Genaro tuvo que negarlo. Yasna se quedó de una sola pieza al escuchar esto, pero el padre Genaro, pacientemente, la invitó a tomar onces, y conversar calmadamente el asunto.

Catalina se acercó a Ludwica.

–¿Echas de menos a Leoncio?– preguntó, y como Ludwica no respondiera, dijo: –Yo sí.

–Yo no– sonrió Ludwica. –No sé… Sé que Leoncio está…– iba a decir “vivo”, pero se interrumpió. Pensó un segundo, y luego dijo: –Bien. Donde sea que esté.

Pasados algunos días, Ludwica recordó la invitación que le había hecho el Coordinador. De manera que emprendió por segunda vez el viaje a Cartagena. Ahora sabía qué hacer: llegó a la plaza de Cartagena, arrendó un taxi, y se dirigió a la casa de Basanio Urmeneta.

Frente a la puerta del palacete de estilo modernista, se llevó una sorpresa. Allí estaba el Coordinador… Y también estaba Leoncio. El corazón de Ludwica dio un vuelco.

–¡Pero cómo…! ¿No estabas en el siglo XXIII? ¡Ya sé, eres un clon, como Yasna…!

–Pasemos adentro– dijo el Coordinador amablemente. –Digamos que tengo todos los permisos necesarios. Conversaremos todo lo que debamos conversar. Y Ludwica, prepárate, porque ahora tendrás todas las respuestas…

Próximo capítulo: “Diálogo sobre los sistemas del universo”.