lunes 12 de septiembre de 2011

Capítulo 5-10 - "Nuevo Orden Mundial".

ANTERIORMENTE EN “CORONA DE AMENOFIS”: Yasna y Klunn desarrollan una máquina que abrirá un portal dimensional que favorecerá la invasión de las tropas de Orlac. Genaro, Melinda y su banda tratan por todos los medios de detenerlo, pero por la intervención de Klunn, les resulta imposible. En Estados Unidos, se detecta la apertura del portal dimensional, y el Presidente ordena un ataque nuclear contra Viña del Mar. Sin que nadie pueda impedirlo, un misil nuclear despega y detona sobre la ciudad...

“Nuevo Orden Mundial”

– Hizo lo correcto, señor Presidente – dijo el General Douglas Pershing.

– La muerte de vidas humanas nunca es lo correcto. Sólo es la alternativa menos mala – dijo el Presidente de los Estados Unidos. – Habrá que explicarles muchas cosas al Procurador General.

– En realidad no – dijo Pershing fríamente. – Lo que ocurrió fue que elementos terroristas vinculados a Al Qaeda o a Trípoli hicieron un atentado terrorista suicida con alguna clase de tecnología misseliana. Eso nos dará un pretexto preciso para intervenir en todos los sistemas de control misselianos sembrados sobre el planeta, como el que había en Corona de Am...

– ¡Es ridículo! – protestó la Secretaria de Estado. – Las detonaciones nucleares siguen un patrón de ondas sismológicas muy preciso, que difieren del patrón propio de los terremotos o los tsunamis. A estas alturas, todas las estaciones sismológicas del mundo deben haber descubierto que fue detonada una bomba atómica en Chile. Tapar esto va a ser...

– ¡Señor! – gritó uno de los técnicos, pegado a su pantalla. Su rostro estaba pálido, casi cadavérico. – Creo... Creo que debería ver esto.

Todos elevaron la vista hasta las pantallas que seguían mostrando imágenes satelitales, a falta de los reportes del submarino nuclear destruido por el fragmento de Megatitlán.

– ¿Qué significa? – preguntó el Presidente de Estados Unidos.

– Aparentemente la carga nuclear detonó – dijo el técnico. – Pero por alguna razón... No hubo daños sobre la superficie terrestre de ninguna clase. Viña del Mar, Valparaíso, Santiago... Todo sigue estando ahí.

– ¿Y los flujos pneumáticos? – preguntó el técnico.

– Debilitados, pero siguen estando ahí. Y, señor... Hay una nueva corriente pneumática, los detectores orbitales señalan que... está entre Megatitlán y el sistema de control de Corona de Amenofis.

– Esto es peor de lo que pensábamos... ¡Ese hijodeputa sistema de control se apoderó de Megatitlán! – bramó Douglas Pershing, y luego, mirando la reprobadora expresión de la Secretaria de Estado, añadió: – Le pido disculpas por el vocabulario, no tengo excusas para...

– Lo importante aquí – dijo el Presidente de los Estados Unidos, reflexionando: – Es que tenemos la primera evidencia de que un sistema de control en efecto se ha desarrollado hasta el punto de adquirir conciencia propia. Ya no podemos seguir manteniendo todo esto como un tema secreto detrás de la seguridad nacional. Tenemos una amenaza planetaria, y debemos actuar de inmediato para impedir que los sistemas de control terminen por tomarse el planeta entero.

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Aunque enormemente debilitado, el sistema de control de Corona de Amenofis sabía urgente restaurar el status quo que le era conveniente. La maniobra de última hora que había intentado, el cubrir toda la zona central de Chile con un escudo de fuerza fabricado desde Megatitlán, una variante menor del deflector de pneuma que la Progenie de Imagocoyotl había utilizado, había resultado un éxito. Era probable que en las siguientes horas cayera un poco de radiación y en los siguientes meses los casos de cáncer experimentaran un repunte, pero lo cierto es que el escudo había impedido que la detonación alcanzara a la superficie terrestre, y no había otras desgracias que lamentar. Pero el escudo había drenado demasiado pneuma en el proceso, y el sistema de control estaba muy debilitado. Si quería mantener el control sobre Megatitlán, debería recargarlo de alguna manera.

Pero se imponía lo más urgente: liquidar a las tropas de Orlac. En realidad, para los medios energéticos del fragmento de Megatitlán, aquello sería casi nada.

El fragmento de Megatitlán ahora volaba sin contrapeso sobre los cielos del Gran Valparaíso. Para los detectores de pneuma de Megatitlán, en combinación con el sistema de control de Corona de Amenofis, discriminar entre los humanos y los invasores era tan sencillo como si al ojo humano se hubiera embreado y emplumado a los atacantes. De manera que, siempre desde el aire, la fortaleza de Megatitlán hizo blanco sobre los invasores de Orlac, y disparó. La serie de ataques selectivos alcanzó a todos los soldados que estaban más o menos al descubierto, o bien refugiados debajo de portales o edificios que no alcanzaran a cubrir su huella pneumática. La mayoría de los soldados estaban en esa situación, y los rayos de energía los alcanzaron e incineraron sin misericordia: un breve fogonazo, y luego el silencio.

En el Pabellón del Sur, impotente, Orlac se tomaba la cabeza con las dos manos. Todas sus tropas estaban siendo arrasadas. Algunas de ellas trataban de usar sus armas para disparar al cielo, para darle a Megatitlán, pero era inútil. Para ellas, la muerte caía desde las alturas, y nada podía hacer Orlac desde el Pabellón del Sur para salvarlas. El sistema de control había cerrado el portal, y ya nada podía hacer al respecto. Algunos soldados que tuvieron la inspiración de esconderse en alcantarillas o en edificios demasiado gruesos para ser traspasados, consiguieron salvar con vida, pero eran demasiado pocos como para tentar un ataque en serio. Todo el plan de Orlac se había venido abajo.

Y Klunn, por su parte, seguía comprometido, y con esto desaparecía su puntal en el Pabellón del Norte. Orlac maldijo y maldijo una y otra vez, y se desahogó gritándole a su matriz de energía pneumática, como si ella pudiera responderle.

Pero luego reflexionó. Habían algunos agentes de Orlac que no eran soldados. Quizás el sistema de control los pasara por alto. Si ése fuera el caso... Aún tenía posibilidades para intentar una nueva invasión. Y esta vez... una de las primeras bajas sería el maldito sistema de control. Lo necesitaba para cruzar al otro lado... pero quería verlo destruido.

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En el sótano de Santa Reparata, Klunn del futuro y el Klunn del siglo XXI seguían observándose mutuamente, tratando de descubrir con qué iban a atacarse, con sus pulsos biomagnéticos listos para dispararse y sus deflectores listos para rechazar el disparo del oponente.

– No hubo pulso electromagnético – dijo el Klunn del siglo XXI. – Aún tengo la información que quieres, y no puedes pasar por sobre mi cadáver para obtenerla porque se irá conmigo. No puedes ganar.

– Tampoco están las tropas de Orlac. Megatitlán las arrasó a todas. Tu plan también fracasó.

– ¿Fracasó? Aún tengo la máquina. Aún está funcionando, y alimentando al sistema de control. Si intentas apagarla, te dispararé. Y tus amigos no pueden entrar. Podemos estar así hasta mañana, y nada habrá cambiado.

– ¿Y qué esperas ganar con esto, Klunn? ¿Exterminar a la Humanidad? ¿Ni siquiera puede haber un futuro conjunto para cucarachas y humanos, Klunn? ¿Acaso las fortalezas de las cucarachas no podrían compensar las fortalezas de los humanos? ¿Y las fortalezas de los humanos no podrían compensar las de las cucarachas?

El Klunn del siglo XXI se quedó paralogizado. En realidad, no había reflexionado sobre el particular. Era algo obvio, bien mirado, pero durante toda su vida, Klunn había sido entrenado para la confrontación. Primero, con los polirrelojes, se había tratado de salvar a las cucarachas aunque eso significara condenar a los humanos. Luego, al volverse un hereje humaniano, se trataba de salvar a los humanos aunque fuera a costa de las cucarachas. Y todo, ¿por qué? Porque ése era el futuro en que había nacido y había crecido, un futuro en que la sangre de las cucarachas había sido pagada con el sacrificio de la sangre de los humanos.

Sólo que si se podía modificar el curso de la Historia, quizás no fuera necesario hacer ningún sacrificio. Quizás, gracias a la labor de las cucarachas del siglo XXI, las cucarachas inteligentes del futuro podrían llegar a existir sin necesidad de sacrificar a la Humanidad en el proceso.

– Lo pensaré – dijo el Klunn del siglo XXI, y empezó a moverse cautamente hacia la máquina.

– Deténte ahí, Klunn – dijo el Klunn del futuro.

Pero el Klunn del siglo XXI se detuvo sólo a cierta distancia, aquélla en la que un mando oculto dentro de su sistema de sensores cibernéticos internos podía ser activado. Aceleró la máquina.

– ¡Klunn, pero qué...!

– ¿Quieres parar la máquina? Párala si es que puedes – dijo el Klunn del siglo XXI, aunque ahora sin agresividad.

Y mientras el Klunn del futuro avanzaba hacia la máquina, el Klunn del siglo XXI no hizo ningún intento por detenerla. Finalmente, el Klunn del futuro se lanzó a detenerla, momento en que el Klunn del siglo XXI se lanzó a un rincón del sótano, y detonó una pequeña carga explosiva. Antes de que el Klunn del futuro pudiera hacer algo, tomado por sorpresa, el Klunn del siglo XXI avanzó por los cascotes hacia un túnel secreto que él mismo había construido como medio de escape, y que había destapado con la explosión, y por esa vía se largó.

El Klunn del futuro consiguió detener la máquina, y luego abrió el sótano. Genaro, Yasna, Melinda, Goloso, Minmei, Blenn e Ilinn entraron en tropel.

– ¡La máquina está detenida! – dijo Yasna.

– ¡Muy bien! – gritó Ilinn. – ¡Klunn, qué está ocurriendo aquí!

– ¡Yo no soy el Klunn que ustedes...!

– Escúchame, Klunn. Estoy lo suficientemente enrabiado contigo como para querer eliminarte ahora. Pero te perdonaré la vida si me das toda la información que quiero – dijo Blenn, todavía adolorido y achicharrado por la descarga eléctrica.

– ¿La quieres? ¡Ven! ¡Tómala! – gritó el Klunn del futuro.

Blenn e Ilinn avanzaron hacia Klunn. Blenn conectó sus propios sensores con los de Klunn, y empezó a leer los ficheros de información dentro de Klunn. Sorprendentemente, todas las barreras y contraseñas estaban abajo. Y no había rastro alguno de la información que Blenn andaba buscando: la blogoserie “Luz de Sotis”, y los planos del vaporizador.

– Lo borraste – dijo Blenn. – ¡Infeliz, lo borraste!

– ¡No lo tengo yo! ¿No revisaste los archivos del sensor Fut9?

Blenn los había revisado muy a la rápida, pero ahora los leyó con mayor detención.

– ¿Qué es esto?

– Es el futuro, Blenn. El futuro desde el cual vengo. En él, cucarachas y humanos viven en paz.

– ¿Y qué es esto? – preguntó Blenn, habiendo detectado un símbolo que era un círculo amarillo con borde rojo, dentro del cual había un triángulo equilátero también rojo, mirando hacia arriba.

– Es el símbolo de nuestro enemigo. Se hace llamar de muchas maneras distintas y desconocemos su nombre real. Pero él es la amenaza más significativa que tenemos para construir el futuro. El ha estado interviniendo en nuestra historia pasada desde siempre, y seguirá haciéndolo hasta crear una línea de tiempo a su conveniencia. No sabemos qué objetivos persigue, pero en esos objetos no están incluidos ni los humanos ni las cucarachas. Indira lo llama el Extranjero, porque lo único seguro sobre él... es que no pertenece a nuestro universo en lo absoluto.

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Apagada la máquina construida por Yasna, el sistema de control de Corona de Amenofis se vio privado de su alimento. Una vez más, el sistema de control de Corona de Amenofis reflexionó sobre la situación. El fragmento de Megatitlán era un arma formidable en sus manos, pero también muy costoso en términos de pneuma. Si no encontraba otras fuentes con las cuales recargarlo, no podría mantenerlo. Haberlo sacado del fondo del mar había sido una jugada desesperada, y no podía devolverlo así nada más, a sabiendas de que si lo hacía, ahora sí que se le arrojarían con todo hasta arrancarle sus últimos secretos, y en última instancia, descubrir como apoderárselo o neutralizarlo. El fragmento tenía paneles solares con los cuales podía recargarse, pero éstos estaban diseñados para ser eficientes y rentables en el espacio exterior, no en la Tierra, y llevarlo hasta una órbita segura terminaría de consumir todos sus recursos.

La única alternativa que le quedaba al sistema de control de Corona de Amenofis para no perder su nueva superarma imparable, era llevarse el fragmento con rumbo a un lugar en donde no pudieran tomárselo fácilmente por la fuerza, y pudiera quedarse recargando sin problemas, tanto enviándole paquetes de pneuma como aprovechando los paneles solares. Y el mejor lugar para ello, más por atención a las condiciones de seguridad que por la recarga de los paneles solares, considerando que era invierno, simplemente pasaba por mandarlo a alguna grieta en la Antártica.

De esta manera, lentamente, el fragmento de Megatitlán empezó a emprender la retirada hacia el sur. Algunos aviones de la FACh trataron de interceptarlo y aún de derribarlo, pero para economizar energía, el sistema de control de Corona de Amenofis se limitó a levantar los deflectores, e impedir que dichas armas lo alcanzaran. No estaban las condiciones para una pequeña guerrita con los habitantes de Chile.

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Yasna había sacado el cristal que era el alma y corazón de su máquina, y luego, llevada por un impulso casi irracional, había descargado toda su rabia y frustración agarrando un hacha antiincendios y reduciéndola a pedacitos. Luego quemó los planos y se llevó unas cuantas piezas, sólo para asegurarse de que no sería fácil reconstruirla mediante ingeniería reversa. El resto del grupo, comprendiendo su frustración, la dejó hacer.

El grupo entero emprendió el regreso a Corona de Amenofis. Estaban cansados, mortalmente cansados. Había sido una jornada dura y agotadora. Sabían que había ocurrido alguna clase de destello en el cielo, y éste aún se veía inusualmente claro para ser de noche, pero no entendían claramente de qué se trataba. Salvo las cucarachas, ni se les ocurría que hacía poco que una explosión nuclear había estado a punto de mandar a Chile al demonio.

Nada más llegar a Corona de Amenofis, descubrieron el condominio completamente revolucionado. Había un enorme grupo de gente en el patio del mismo, alrededor de la palmera enana, y todos ellos parecían estar celebrando alguna clase de acontecimiento. Al abrirse la puerta, Melinda sintió que el suelo entero se tambaleaba. ¿Era posible...?

Sí, sí era posible. Patricia su madre estaba abrazada al cuello de Leoncio, llorando, y no quería soltarlo. ¡Leoncio!

– ¡Leoncio! – gritó Melinda, y salió corriendo hacia éste, quien abrió un brazo y recibió a su hermana. – ¡Hermanito, volviste! ¡Yo sabía que no estabas muerto!

Adalberto consiguió que Patricia se separara de Leoncio y a su vez le extendió la mano. Tenía una sonrisa mínima, pero sus ojos estaban brillosos.

– No sé cómo es posible que estés de vuelta, pero... Bienvenido a casa, hijo.

– Gracias, papá – dijo Leoncio.

– ¡Padre Genaro, padre Genaro! – gritó Patricia, histérica, y se fue ahora a estrechar el cuello de Genaro, olvidándose de que éste ya no era un sacerdote. – ¡Es un milagro! ¡Nuestro hijo ha vuelto! ¡Ha resucitado! ¡No sé cómo, pero...! ¡Ha vuelto! ¡Es un milagro, bendito y alabado sea Nuestro Señor!

– Sí – dijo Genaro, atónito. – Un milagro.

Mientras tanto, al ver a su antiguo amo volver de entre los muertos, Goloso y Minmei saltaron y lo olorosaron con sumo cuidado. En efecto, tenía el olor antiguo de Leoncio, aunque algo más intensificado, y por qué no decirlo, con un leve toque almizclado que nunca había sido parte de la mezcla, por así decirlo. Pero en la base, era el olor de Leoncio, y por lo tanto, era seguro de que se trataba de él. Aunque no pudieran explicarse cómo era posible que estuviera de regreso.

Yasna, por su parte, había descubierto a Ludwica entre la gente. Inmediatamente corrió al cuello de ella y la abrazó con mucha, mucha fuerza.

– ¡Amigui, volviste! Me habían dicho que te habías desaparecido desde... bueno... desde el matrimonio ése.

– Estoy viva y bien, Yasna. Volví – dijo Ludwica, entre perpleja y complacida. – Y, Yasna... Gracias. Sé que a veces soy un poco pesada e irónica contigo, pero... Bueno... Gracias.

– De nada, amigui – dijo Yasna, riéndose y guiñándole un ojo.

– Aún nadie me ha dicho dónde estoy – dijo un extraño, con un tono de voz extrañamente aristocrático y señorial. – ¿Podría alguien informarme por favor de en dónde...?

Ludwica había estado demasiado ocupada con los vecinos saludando como para volverse plenamente hacia él, y ahora que lo miró con mayor detención, se quedó de una pieza.

– Disculpe, pero usted... ¿Es usted Basanio...?

– Basanio Urmeneta a sus órdenes, señorita – dijo él, ciertamente agradado de que alguien le reconociera, aunque fuera una extraña. – Esto no es Cartagena, ¿verdad...?

– Señor Urmeneta... – dijo Ludwica. – Siento decirle... Usted lleva casi sesenta años muerto.

– ¡Muerto! Pero... ¡No, por favor! Míreme, sigo vivo, ¿ve?

Leoncio se volvió hacia Basanio Urmeneta.

– ¿El poeta Basanio Urmeneta? ¡Pero...!

– ¿Cómo es que todavía estamos aquí? – se preguntó de repente Ludwica. – El misil nuclear debería...

– ¿Qué misil nuclear? – preguntó Yasna.

– El que... iba dirigido hacia acá... – dijo Ludwica.

– ¿Qué está pasando aquí? – preguntó Genaro. – ¿Nadie se pregunta cómo es posible que ustedes hayan llegado hasta...?

– Es el sistema de control – dijo Yasna, empezando a sospechar una teoría incierta. – Con todos los eventos que han ocurrido, se ha ido desestabilizando cada vez más. Ahora, a través del sistema de control está viajando gente por el espacio y por el tiempo. Y con el paso del tiempo... se irá poniendo peor.

– Dios Santo bendito – dijo Genaro.

– Si a través del sistema de control pueden ser secuestradas personas de otros tiempos y lugares, entonces también a través del sistema de control podríamos ser secuestrados nosotros – dijo Yasna, pensativamente. – Quizás ese misil nuclear que tú dices, fue secuestrado por el sistema de control de algún modo. Gracias a todo esto, a la máquina que fabriqué... La estructura del espacio y del tiempo se está definitivamente rasgando.

Y los que estaban en el secreto, se miraron los unos a los otros. La hora del apocalipsis se estaba aproximando, y quizás se había acelerado con la máquina de Yasna. Blenn, Ilinn y el Klunn del futuro se miraron entre sí: quizás no habría ningún futuro compartido para humanos y cucarachas, después de todo. Quizás no había futuro alguno, probablemente.

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Al día siguiente por la mañana, y advertida por un correo electrónico, Almendra Caballero estaba mirando en directo las noticias. Un cansado y ojeroso Presidente de los Estados Unidos se estaba dirigiendo en ese mismo instante a la Asamblea General de las Naciones Unidas, convocada en sesión extraordinaria, hablando acerca de los extraterrestres y la necesidad de implementar de una vez por todas una serie de políticas planetarias para combatir las amenazas procedentes de formas de vida alienígenas.

– ...y por lo mismo Estados Unidos, como muestra de buena fe, presentará a todas las naciones de la Tierra un convenio de colaboración completa, incluyendo compartir antecedentes relacionados con la presencia alienígena en la Tierra, a fin de...

Pero Almendra Caballero no pudo seguir prestando atención, porque una llamada telefónica la interrumpió. Decir “Aló” y escuchar la respuesta en línea, la puso automáticamente a temblar. Si Templemann mismo estaba hablando, eso quería decir que era algo realmente importante.

– Almendra. Te quiero en mi isla. Ahora.

Almendra Caballero sabía que se trataba de algo acerca de Corona de Amenofis. Pero no sabía QUÉ. Y considerando el carácter amable pero tajante de Templemann, cabía esperar cualquier cosa de eso.

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En Estados Unidos, el General Douglas Pershing conversaba telefónicamente mientras veía la pantalla televisiva.

– Ahí lo tiene, senador. Lo acaba de decir. Colaborar con todas las naciones de la Tierra. Bajarnos los pantalones y dejarnos mariconear por cuanto hijo de puta quiera cagarse en los Estados Unidos. Senador... Debemos actuar de inmediato. Si el Presidente de los Estados Unidos quiere un Nuevo Orden Mundial, se lo daremos. Uno en que todos los traidores a la Patria sean borrados definitivamente del mapa. Si usted está dispuesto a tomar la Presidencia de los Estados Unidos, entonces yo puedo garantizarle que el Ejército estará con usted...

Próximo capítulo: “...cuando tú eres un extraño”.

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